Más conciencia y menos egoísmo

Más conciencia y menos egoísmo

¿Cuántos de nosotros hemos ido en bicicleta por la calle o la vereda y hemos recibido improperios infinitos? Aquí perdemos la cuenta, quizás todos hemos sido partícipes de este juego de palabras que más que alegrarnos nos deja ahí pensando ¿Quién está mal? ¿Nosotros o ellos?

Y más allá de ser culpables los choferes o los ciclistas, tenemos que pensar en los verdaderos culpables: las personas que no se han adaptado a este nuevo tipo de ciudad. Un lugar donde el auto pasó a ser una molestia, mas que un medio agradable y rápido para movernos. Un lugar donde el transporte público nos produce dolores de cabeza, retrasos y horas eternas esperando llegar a casa después del trabajo.

Conozco personas que se aburrieron del sistema. Se cansaron de ir apretados, de estar fanfarroneando con el resto por un espacio. Se cansaron de demorarse dos horas manejando a la casa. Esas personas un día tomaron su bicicleta y nunca más se bajaron. Y es así, como ciudadanos de Santiago y de todo el mundo han tomado la decisión de dejar de lado el medio de transporte convencional y subirse a la bicicleta. Seguramente si hoy les preguntamos en cuánto ha mejorado su calidad de vida, tendríamos respuestas positivas.

Hoy el problema no somos nosotros, el problema es que la ciudad aún no está adaptada a esta nueva era. Si no hay ciclovía, no podemos ir por la vereda. Los peatones se enojan. Tampoco podemos ir por la calle porque las micros manejan como quieren, los autos no respetan la velocidad y es peligroso. ¿Entonces dónde está el espacio del ciclista? Y aunque digan que hay ciclovías - en Santiago, por ejemplo- la mayoría está sectorizada y cortada en tramos, siendo imposible que la ciclovía sea continua.

Lo que necesitamos son más políticas que ayuden a movernos en bicicleta. De nada sirve tener tres o cuatro autopistas nuevas, si la ciudad está cambiando a favor de dejar el auto en la casa y de ocupar la bicicleta como medio de transporte. Pero mientras las cosas no avancen, tenemos que ser más conscientes con el resto y menos egoístas. Menos improperios para quienes se mueven diferentes, porque los espacios no tienen nombres propios. La ciudad debe ser un lugar para convivir entre todos.